Por Felipe Vargas.
Flotando sobre el vaivén del atardecer chilote. Mirando en silencio las laderas de la Cordillera de Los Andes que caen, cubiertas de verde bosque, hasta las profundidades de los canales. Un resoplido marino surge hacia popa entre las olas. Un nutrido grupo de jóvenes lobos marinos visitan nuestra embarcación, observando curiosos a los navegantes de La Peregrina. A lo lejos, a un costado de los farellones que caen hacia el mar, una enorme roca alberga una lobería. Viramos rumbo enfilando proa hacia la costa, hacia esa mancha café de pieles que disfruta descansando los últimos rayos solares.
Navegamos despacio, llevados por la corriente, simulando un abordaje nos situamos en nuestras posiciones. De manera febril descargamos ráfagas desde nuestras cámaras fotográficas, captamos la avalancha de cuerpos que se deslizan por las paredes rocosas. Entre fuertes bramidos y gritos guturales una centena de lobos marinos se sumerge en las heladas aguas del Estuario. El chapoteo de las bestias y sus numerosos resoplidos musicalizan este tranquilo crepúsculo austral.
Tarde de Lobos from Peregrina on Vimeo.

